Había una vez una niña que se llamaba Rapunzel. Era muy silenciosa, tan silenciosa que sólo hacía gestos. Su clase era muy ruidosa. A Rapunzel tampoco le gustaba el ruido.
Un día, la seño de matemáticas trajo muchos deberes y Rapunzel no pudo terminarlos, le faltaron cinco ejercicios. Tuvo la idea de pedir ayuda a sus amigas Marta, Sancha, Forilda y Neiba que le explicaron lo que no entendía y así pudo terminarlos.
De pronto, Rapunzel se dio cuenta de que había hablado al pedir ayuda a sus amigas. Desde entonces habla y se ha dado cuenta de lo importante que es hablar con todos.
FIN

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