Una vez un gato se perdió. La dueña al principio se preocupó pero después se le olvidó por completo. Una vez lo vio y se puso a llorar lo cogió de nuevo como no se acordaba del nombre le puso otro. Decidió ponerle Mony como sus ojos dorados y amarillos como el sol. Al gato le gustó ese nombre...
fin de cuento
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